A la memoria de un gran venezolano

Publicado en el diario “El Nacional” de Caracas. Lunes 28 de julio de 2014

 

Al cumplirse un mes de su partida, quiero rendir un sencillo homenaje a Ramón J. Velásquez, un gran venezolano que dejó huella imborrable, y que se destacó en las distintas actividades que desarrolló a lo largo de su larga vida. Desde muy temprano, y después de culminar sus estudios de derecho en la UCV en 1943, se dedicó al periodismo, desempeñándose como reportero del diario Últimas Noticias y ulteriormente de El Nacional. Por esos años sirvió como colaborador del Dr. Diógenes Escalante, quien había regresado al país como candidato a la presidencia de la república. En esos menesteres le tocó vivir el singular y trascendental episodio de la manifestación de demencia del Dr. Escalante, siendo Velásquez quien llamó telefónicamente al Palacio de Miraflores para informar lo acontecido.  Ese suceso y sus ulteriores consecuencias, que ha sido descrito magistralmente en la novela de Francisco Suniaga El Pasajero de Truman, era extraordinariamente analizado y narrado por don Ramón, a quien era un placer escuchar en sus largos pero apasionantes relatos de los episodios de la historia venezolana, en muchos de los cuales fue él actor y partícipe.

Después del derrocamiento de Rómulo Gallegos en 1948, Velásquez pasó al activismo político como miembro del proscrito partido Acción Democrática (AD), siendo uno de los coautores junto con Juan Liscano y José Agustín Catalá de El libro Negro de la Dictadura, publicado en 1952 y que le costó persecución y cárcel durante los años de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Al retornar la democracia en 1958, don Ramón volvió a sus actividades periodísticas y políticas, desempeñándose como director de El Mundo, y ulteriormente como encargado de la Secretaría de la Presidencia de la República durante el gobierno de Rómulo Betancourt, posición que aprovechó para patrocinar el Archivo Histórico del Palacio de Miraflores y la publicación de un boletín de ese archivo, así como la publicación de la obra compilatoria Pensamiento Político Venezolano del Siglo XIX. Al finalizar el gobierno de Betancourt, Velásquez retornó a sus labores periodísticas como director de El Nacional y articulista de varios diarios, así como a su actividad de prolífico historiador

En 1993, desempeñándose como Senador, fue seleccionado por el Congreso Nacional para encargarse de la Presidencia de la República hasta el final del período constitucional, después de la defenestración de Carlos Andrés Pérez. Fueron 7 meses de un gobierno lleno de dificultades debido a la crítica situación política y económica que heredó, entre otras razones por los dos intentos de golpe de Estado de 1992, y por el tenaz entorpecimiento que las distintas fuerzas políticas, incluyendo a la misma AD, le hicieron al gobierno de Pérez desde el Congreso Nacional. El mismo Velásquez fue víctima de ese ambiente hostil cuando los principales partidos se negaron a participar en su gobierno, temerosos de ser afectados en las elecciones de diciembre de 1993. Como si fuera poco, y a pesar de las acertadas acciones emprendidas por Velásquez en materia económica, a mediados de enero de 1994, a tan solo unos días de entregar el poder a Rafael Caldera, estalló una gran crisis financiera con la intervención del Banco Latino.

Fue Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia Venezolana de la Lengua, organización esta última que le hizo recientemente un homenaje en su residencia de Altamira, adonde acudieron los miembros de esa corporación para manifestarle reconocimiento y admiración por su dilatada obra, acto al cual tuve la suerte de haber sido invitado. Esa fue la última vez que lo vi y tuve la oportunidad de charlar con él, lo cual fue, como siempre, un verdadero placer, pues a pesar de su avanzada edad aún tenía la claridad de mente y la asombrosa memoria que lo caracterizaba, manteniendo intacta su elocuencia y agudeza de erudito que siempre lo caracterizó.

Extrañaremos las sabrosas pláticas llenas de sabiduría y experiencia de ese ilustre venezolano que fue don Ramón J. Velásquez.

 

Nota: Este artículo no apareció en la versión impresa del diario por la escasez de papel que padecía debido a la imposibilidad de adquirir dólares para su importación.

Imagen: laverdad.com